En octubre de 2025, se anunció que la estudiante Agustina Sofía Mikaela Cruz ganó el premio “La Rosa Blanca”. Este reconocimiento, cuyo nombre honra al movimiento estudiantil homónimo que se opuso a la Alemania Nazi, nació de una colaboración entre el Museo del Holocausto de Buenos Aires, la Embajada de los Estados Unidos y distintas instituciones educativas de Argentina. Su objetivo es reconocer a estudiantes de secundaria que realizan activismo, promoviendo empatía, tolerancia y educación frente a los discursos de odio, acoso o prejuicios sociales.
Este año, el proyecto ganador fue el de la alumna del Colegio Secundario N.º 5 de Palpalá, provincia de Jujuy, y se tituló «Conoce, valora y respeta: que el dolor no te sea indiferente». Agustina, junto a sus compañeros y docentes, se enfocó en la discriminación contra la comunidad romaní. Para eso, organizaron una serie de actividades con el fin de que las familias romaníes puedan compartir su cultura e historias con toda la comunidad, como el “Té gitano en la escuela”, “Fútbol Solidario”, proyecciones de cine para debatir estereotipos propagados culturalmente, charlas educativas sobre el Samudaripén (genocidio del pueblo romaní bajo el nazismo), campañas de recolección de alimentos y ropa, entre otras.
La iniciativa logró que la comunidad local pueda reconocer la discriminación hacia el colectivo romaní y adoptar una actitud de respeto.
A razón de este reconocimiento, Agustina viajará a Washington D.C. para visitar el Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos, donde realizará un recorrido guiado y participará de debates educativos.
Marc R. Stanley, ex embajador de los Estados Unidos en la Argentina y cofundador del premio “La Rosa Blanca”, declaró: «El coraje y la compasión de Agustina encarnan los valores que busca destacar este premio. Una sola joven que alce la voz por los demás puede cambiar la forma en que toda una comunidad percibe al prójimo».
Por su parte, Marcelo Mindlin, presidente del Museo del Holocausto de Buenos Aires, afirmó: «Agustina representa el espíritu de valentía moral que inspiró al movimiento La Rosa Blanca. Al defender a una comunidad que enfrenta prejuicios a diario, nos recuerda que la educación y la empatía son las herramientas más eficaces que tenemos para prevenir el odio. Su ejemplo nos da esperanza para la próxima generación».





