Museo del Holocausto

Encuentro en el Museo: mujeres judías y musulmanas para la memoria

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Mujeres del Congreso Judío Latinoamericano, del Museo del Holocausto de Buenos Aires y del Instituto “Islam para la Paz” participaron de un Encuentro de Mujeres en el museo.

Por parte del Museo estuvieron presentes Aída Ender y Sima Weingarten (Comisión Directiva), Fabiana Mindlin (Directora), Cecilia Bullor (Coordinación de actividades), Eliana Hamra (Coordinación educativa) y Brenda Ficher (Comunicación y Prensa).

Este encuentro consistió en una visita guiada por la exhibición permanente, que hizo foco en el rol activo de las mujeres durante el Holocausto. De esta manera, quedó demostrada su importancia en la salvación de personas y en la resistencia ante el horror nazi. 

Luego de la recorrida, debatieron sobre el rol de las mujeres en la Argentina y en las comunidades judías y musulmanas. Una de las conclusiones de la actividad, fue que tales roles acercan a las mujeres de todas las comunidades y fortalecen la memoria del Holocausto.

Finalmente, se pasó a la lectura de algunas historias inspiradoras puntuales de mujeres, judías y musulmanas durante este período.

 

Encuentro en el Museo del Holocausto

La historia de Fátima y Anna (Aisha) Kanapatskaiya

Fátima Kanapatskaiya y su hija Anna (Aisha) eran musulmanas y vivían en Minsk. Eran amigas de Israel Davidson y su familia, compuesta por su esposa Fruma y sus hijos Rachel, Mira y Vladimir. En junio de 1941, el ejército nazi ocupó la zona y, unas semanas más tarde, los judíos de Minsk y alrededores, incluyendo a los Davidson, fueron llevados al gueto. Entonces deportaron a Israel al campo de Drozdy, en los alrededores de Minsk. 

Un tiempo después tuvo la oportunidad de escapar y, herido, se dirigió a la casa de la familia Kanapatskaiya. Allí estuvo durante varias semanas, hasta que se pudo recuperar. No quiso dejar atrás a su familia: regresó al gueto. Después de la siguiente deportación, llevada a cabo en el gueto en marzo de 1942, regresó con la familia Kanapatskaiya. Fátima creó un escondite más permanente en un cobertizo, en el bosque. Tanto Fátima como su hija Anna (Aisha) cuidaron de Israel. El lugar fue registrado varias veces, pero el refugio no fue descubierto. Durante su estadía en el escondite, la hija de Israel, Rachel, pudo escabullirse del gueto varias veces para visitar a su padre. Todas las veces que fue a visitarlo recibió comida para su familia en el gueto. 

En junio de 1943, mientras se liquidaba el gueto de Minsk, Fruma y sus tres hijos escaparon a la casa de los Kanapatskaiya. Allí se escondieron con Israel por un día y luego huyeron juntos a un área controlada por los partisanos. Una vez en el bosque, se unieron a la unidad de partisanos bajo el mando de Shalom Zorin y así pudieron sobrevivir. 

El Ejército Rojo liberó la zona en el verano de 1944. Después de la guerra, los Davidson continuaron su amistad con sus salvadores y el 3 de diciembre de 2003, Yad Vashem reconoció a Fátima Kanapatskaiya y a su hija Anna (Aisha) como Justas entre las Naciones.

 

La historia de Zejneba Hardaga, musulmana de Bosnia

“Divididas en la fe, unidas en la Guerra”

En el último siglo, los ciudadanos de Sarajevo -capital de Bosnia- han sido testigos de una contienda que incluyó la persecución, tanto de judíos como musulmanes. Sin embargo, de entre toda esta miseria surge una historia en la web The Vintage News que apunta al mismísimo corazón de todas las religiones: ama a tu prójimo.

La historia empieza en 1941, cuando los nazis ocuparon la ciudad -por entonces yugoslava-. Allí saquearon la antigua sinagoga y destruyeron a su paso, unos valiosos rollos de la Torá de 400 años de antigüedad.

También enviaron a su muerte a 10.000 de los 14.000 judíos que componían esta importante comunidad. No obstante, durante la invasión nazi, la familia judía Kabiljo se salvó gracias a la valentía y el sacrificio de sus amigos y compañeros de negocio, los Hardaga, una familia musulmana. Con la gestapo establecida en su cuartel general frente al hogar de los Hardaga, la familia fue testigo de los terribles sonidos de la tortura de judíos por la noche.

Entonces decidieron ayudar. Ocultaron a Yosef Kabiljo, a su esposa y a su hija, que habían perdido su hogar durante un bombardeo, hasta que pudieran escapar a Mostar, otra ciudad bosnia bajo gobierno italiano.

Sin embargo, antes de que Yosef pudiera huir, tenía que dejar en orden sus negocios. Los nazis lo capturaron y lo enviaron a un campo de trabajos forzados. Su devota vecina, Zejneba Hardaga, llevó comida a su amigo después de descubrir dónde se encontraba preso. Con el tiempo, Yosef consiguió escapar y regresó a esconderse en el vestidor de los Hardaga.

Por desgracia, los nazis se percataron de que los Hardaga y su familia extendida estaban ayudando a judíos. Como resultado, los nazis asesinaron a Ahmed Sadik -otro familiar que había participado activamente en la elaboración de documentación que concedía nombres cristianos a los judíos-. Afortunadamente, los Kabiljo pudieron abandonar el país y escapar a Jerusalén.

Más tarde, durante las Guerras Yugoslavas en los años 90, los musulmanes fueron objetivos de ataques. Durante el genocidio bosnio, se asesinaron decenas de miles de civiles, incluyendo niños. Una vez más, Sarajevo estaba en el centro de todo este sufrimiento. Ahora llegaba a la familia Hardaga, el turno de esconderse.

Los Kabiljo, en Jerusalén, no olvidaron a sus salvadores. Al darse cuenta del peligro que corrían sus amigos, se contactaron con un periodista de guerra para que descubriera novedades sobre la familia. A través de una red de comunidades, el periodista descubrió que Zejneba Hardaga -de 76 años entonces- y su hija menor, se ocultaban en su sótano. Los Kabiljo consiguieron la ayuda del primer ministro israelí, Yitzhak Rabin, quien autorizó el rescate. Después de este logro, los Kabiljo ofrecieron refugio a la familia Hardaga en Jerusalén.

Historia extraída de THE INDEPENDT y web aleteia

 

El Museo

La reinauguración del Museo del Holocausto de Buenos Aires se erigió como un hito en la historia del Holocausto-Shoá y sus repercusiones en la Argentina. Su objetivo es contribuir en la educación de las nuevas generaciones para preservar la memoria sobre la historia de la Shoá. Su acervo patrimonial cuenta con objetos, documentos y testimonios de cientos de sobrevivientes que lograron rehacer sus vidas en Argentina luego de la tragedia.

Por este compromiso, el Congreso Nacional y la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires declararon al Museo como Sitio de Interés Cultural.

Más información en: https://www.museodelholocausto.org.ar/

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